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ANTECEDENTES

UNIDAD PARA LA IGUALDAD DE GÉNERO
ANTECEDENTES
Desde tiempos inmemoriales, la función reproductora de las mujeres se tradujo en un paradigma social que ubica a la mujer en condiciones de inferioridad con respecto al hombre. La distinción biológica merced a la cual los hombres fecundan y las mujeres conciben es el sustento desde el cual, las funciones reproductivas fueron atribuidas a las mujeres y las productivas a los hombres. Si la mujer es la que procrea, entonces todo lo que tiene que ver con esta función, cuidado de las hijas e hijos, atención de la familia, preparación de alimentos, etc. es lo único que le es permitido socialmente y así, la mujer fue circunscrita al ámbito privado, a lo doméstico. Por otro lado, si los hombres son los proveedores entonces su ámbito es el público, el productivo. Esta división sexual del trabajo basada en las diferencias sexuales ha dado lugar a que estas diferencias se tradujeran en desigualdad, negando a las mujeres el pleno ejercicio de sus derechos humanos. Lo grave de todo esto es que la desigualdad entre mujeres y hombres se sustenta en una relación de poder en la que la mujer se encuentra subordinada al hombre. Él es quien controla el dinero, quien toma las decisiones trascendentes y decide el destino de la familia y de la sociedad. Y desafortunadamente las consecuencias las estamos viendo y viviendo: inequidad, maltrato, discriminación y violencia. Situaciones que han trascendido el ámbito doméstico y que se ejercen contra las mujeres en todos los contextos: familiar, laboral, institucional y comunitario.
El siglo XXI heredó grandes avances en todas las áreas del conocimiento humano, sin embargo, el paradigma de género no ha cambiado; pese a los avances logrados por las mujeres, sobre todo en al ámbito laboral, en la mayoría de las sociedades todavía el mundo público es para los hombres y el privado para las mujeres. Cuando las mujeres empiezan a incursionar en el campo del estudio y en el mundo del trabajo productivo las desigualdades se mantienen: las carreras asociadas a la función reproductiva son las consideradas propias de las mujeres: enfermería, docencia, secretariado, etc.; y lo mismo sucede en el ámbito laboral, con una desventaja más: los sueldos de los hombres, en la mayoría de los casos, todavía son mayores que los de las mujeres, los puestos de toma de decisiones son generalmente ocupados por los hombres, pero además, la incorporación al mundo del trabajo no desahogó a las mujeres del trabajo reproductivo por lo que su jornada de trabajo se duplicó y a veces se triplicó, además del trabajo extra-doméstico tuvieron que seguir realizando las labores del hogar y en muchos casos, extendiendo los cuidados a la familia extensa (madres, padres, abuelos/as, tíos, etc.). Contra todo lo anterior, empezaron a surgir las voces de muchas mujeres que se oponían a este status quo, manifestaciones que se observan en diferentes épocas. Pero es a partir de las luchas de las feministas por la reivindicación de los derechos humanos de las mujeres, que se empieza a generar una conciencia cada vez más grande de que esta situación de desigualdad afecta a la sociedad en general. La academia se interesa en el tema y empieza a darse forma a un marco teórico dentro del cual se construye el concepto de género como una categoría de análisis, merced a la cual, ahora sabemos que el género es una construcción socio-histórica y por tanto, puede ser modificada.
La teoría de género analiza y explica cómo en una determinada sociedad se definen, representan y simbolizan las diferencias sexuales. Por tanto, el concepto de género alude a las formas históricas y socioculturales en que mujeres y hombres construyen su identidad a partir de los estereotipos y roles de lo que socialmente se espera de ellas y ellos, dando lugar a “lo femenino” y “lo masculino” modelos que varían de una cultura a otra y se transforman a través del tiempo.

El concepto de género se utilizó por primera vez en el ámbito de la psicología médica durante la década de 1950. Sin embargo, fue hasta 1968 que Robert Stoller desarrolló una investigación empírica sobre trastornos de la identidad y evidenció en su estudio que lo que determina la identidad y el comportamiento masculino o femenino no es el sexo biológico, sino las expectativas sociales, ritos, costumbres y experiencias que se ciernen sobre el hecho de haber nacido mujeres u hombres. Esta observación permitió concluir que la asignación y adquisición social de la identidad sexual es más importante que la carga genética, hormonal o biológica que los seres humanos traen consigo al nacer, con lo que se desnaturalizan las relaciones sociales entre los sexos. 
Gayle Rubin, en 1975, define por primera vez el sistema sexo-género como:
 “El sistema de relaciones sociales que transforma la sexualidad biológica en productos de actividad humana y en el que se encuentran las resultantes necesidades sexuales históricamente específicas”.
 
INUMJERES, ABC de género en la administración Pública, Talleres Gráficos de México, noviembre de 2007, México, D.F.
Rubin, Gayle, “El Tráfico de Mujeres. Notas sobre la “economía política” del sexo” , traducción de Stella Mastrangello, Nueva Antropología, México 1986, vol. III, No. 30, http://www.juridicas.unam.mx/publica/librev/rev/nuant/cont/30/cnt/cnt7.pdf, fecha última consulta 26-09-2013
El modelo sexo-género plantea los elementos básicos para entender el concepto de género y es el punto de partida de la mayoría de las investigaciones en materia de teoría de género.

Entender el sexo nos permite, entre otras cosas:
• Entender de manera nueva los viejos problemas
• Ubicar los problemas en esferas diferentes
• Comprender que existe una asimetría fundamental entre los géneros, asimetría que se concreta en uso y utilización del poder.
• Entender que esta situación es un hecho cultural, por tanto, puede y debe ser cambiado.
• Sacar del terreno biológico lo que determina la diferencia entre los sexos y colocarlo en el terreno simbólico.
• Delimitar con mayor precisión y claridad cómo la diferencia cobra la dimensión de desigualdad, hasta concretar la asimetría fundamental, o sea, que todos los hombres —en conjunto— son quienes ejercen el poder sobre las mujeres, como grupo social.
SISTEMA “SEXO-GÉNERO”

SEXO: Diferencias biológicas que existen entre un hombre y una mujer. Somos diferentes. Nuestros genitales son distintos. Todo nuestro cuerpo es distinto.
Es una diferencia visible, fácilmente determinable. Los humanos y las humanas somos seres sexuados, o sea, tenemos un sexo definido, somos mujeres u hombres. Es una diferencia con la cual nacemos. Es propia de nuestra naturaleza. Somos machos o hembras. Nada hemos hecho para merecer un sexo u otro. Nuestro cuerpo sexuado constituye nuestra manera más perfecta de relacionarnos con otros seres. Nuestro cuerpo es un don maravilloso, posibilita nuestra capacidad de ser persona humana, capaz de razonar, amar y ser amadas(os).

VEAMOS AHORA QUE ES GÉNERO
El género como concepto existe desde hace muchos años, sin embargo, a partir de los 70´s empezó a ser usado en ciencias sociales con un significado nuevo.
Como hemos dicho antes, nacemos machos o hembras, pero poco a poco nos vamos convirtiendo en “hombres” o “mujeres”. Parece extraño, pero es así.
Desde que nacemos se nos va condicionando de acuerdo a lo que la sociedad ha determinado que corresponde a nuestro sexo. Si somos niñas se nos inculcan actitudes y destrezas “de niñas”, lo mismo se hace con los niños. Se les da un entrenamiento que garantice que llegarán a ser “hombres”.
 
Y ESTO ¿QUÉ SIGNIFICA?

Significa que la sociedad ha establecido qué es lo “propio de los hombres” y qué “lo propio de las mujeres”. Ha establecido sus propios “modelos” de feminidad y de masculinidad y obliga a todas las personas a ajustarse a estos patrones. Por eso nos moldea para que nos parezcamos cada vez más a ese “modelo”, inventado por cada sociedad, según sus intereses y necesidades.
 
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